Camino a Tirtha Gangga

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Paisajes de Bali

Terminamos relativamente temprano y victoriosos de nuestra visita a Pura Besakih y la siguiente parada en nuestro camino iba a ser Tirtha Gangga. Tirtha Gangga singnifica literalmente “Aguas del Ganges” y se trata de un Palacio de Agua construido entre 1940 y 1950 por Gusti Gede Djelatink. ¡Estaba loca por verlo y jugar en las construcciones de sus piscinas!

Paisajes de Bali

El camino hasta el Palacio de Agua es relativamente sencillo. Sólo teniámos que desandar parte de nuestro camino y, llegando a la costa, coger la carretera principal hasta Candi Dasa y Amlapura. Pero tuvimos, sin mapa y sin navegador, la feliz idea de “coger un atajo” atravesando las carreteras del Volcán Agung.

 

Folleto turístico a modo de mapa en Bali
Folleto turístico que, a modo de mapa, usamos en Bali

El primero de los “caminos de cabra” que tuvimos que atravesar estaba franqueado por un señor uniformado que detuvo nuestra marcha para hacernos pagar cierta cantidad por atravesar parte del ParqueNacional. Por supuestísimo que nos negamos y el señor… ¡Se quedó tan ancho! No lo entiendo, de verdad: o hay que pagar o no, pero si depende de la actitud que adoptes, me niego a todo.

 

Puestecillos de fruta en Bali
Puestecillos de fruta al salir de Beskih

 

Y, saliendo del Parque Nacional, con sus pequeños caminitos para hacer trekking llegó el caos. Si las carreteras por las que habíamos venido eran estrechas y no tenían arcén, en éstas por no haber, no había ni asfalto.

¡Madre mía! ¡No dimos vueltas! Lo peor es que cada vez que preguntábamos, en medio de la montaña, en los pequeños pueblecitos de 5 ó 6 casas, no podíamos comunicarnos porque allí no hablaba inglés ni Perry; y la otra mitad de las veces, siempre era “todo recto”. Pasamos más de cuatro horas dando vueltas desesperados, con más hambre que el perro de un ciego. La pobre Macarena devoró una bolsa de patatas fritas que llevábamos, hasta que, por fin, cerca de las cuatro de la tarde, divisamos el mar y el camino de descenso hasta la costa.

 

Paisaje de arrozales en Bali
Paisaje de arrozales en Bali

En un precioso mirador desde que se veían bellos arrozales, paramos a comer ¡Menos mal! Tenía ya el culo y las piernas absolutamente absorbidos por el escay. Recordé entonces aquellos veranos en casa de mi abuelo, en los que tenía que despegarme del sofá después de dormir la siesta.

 

Paisaje de arrozales en Bali
Paisaje de arrozales en Bali

Pues fuimos a parar al restaurante más marrano y con la comida más mala de toda la isla. Era como una especie de merendero en el que servían hamburguesas, sándwiches, etc. Pues bien, las hamburguesas y los sándwiches, todos, pero todos, estaban hechos de lo mismo independientemente de lo que te hubieras pedido: Era algo así como una loncha de mortadela gorda que hacía las veces de pollo, jamón o hamburguesa. Pues ni con el hambre que teníamos los tres, aquello estaba bueno.

Y ahora llegó la hora de pagar. Pues ahora Yayo se dio cuenta de que no llevaba Rupias. Se había echado al bolsillo unos cuantos billetes de rupias y unos cuantos dólares para cambiar ¡pero no los había cambiado aún! ¡Y no había dicho nada! Así que cuando llegó la hora de pagar… Menos mal que el señor de la mortadela gorda fue comprensivo y aceptó el pago en dólares porque estábamos todos -menos Yayo que estaba tan pancho- boquiabiertos.

Paisaje de arrozales en Bali
Paisaje de arrozales en Bali

Llegamos a la carretera de la costa y ya serían las cinco de la tarde. Poco veríamos teniendo en cuenta que en Bali suele oscurecer aproximadamente a las seis. Aún así lo intentamos. La carretera de la costa estaba absolutamente atestada de coches, motos y camiones que iban y venían; retenciones; peatones que cruzaban de un lado a otro; puestos de pescado, verduras y frutas y, además, tuvimos que parar a cambiar dinero y echar gasolina.

¡Por fin llegamos! Todavía quedaba un ratito hasta que el sol se pusiera, pero Macarena tuvo que ir al baño donde se pasó un buen rato. Así que, cuando alcanzamos por fin la entrada de Tirtha Gangga tocaron retreta y no pudimos entrar. ¡Vaya tela!

Cultivos en Bali
Cultivos en Bali

Así que tuvimos que batirnos en retirada hasta Ubud, mientras que lo único que podía pensar era cómo llegaríamos a Ubud de noche y sin conocer el camino. Mantuve la calma y le dije a Yayo que condujera tranquilo que para mí era mucho más fácil indicarle por ese camino. En realidad, no tenía ni la más remota idea de dónde estábamos y de cómo llegaríamos, pero sabía que si yo mantenía la calma y daba apariencia de seguridad, él se relajaría conduciendo.

Paisaje de arrozales en Bali
Paisaje de arrozales en Bali

¡Y por fin llegamos a Ubud! ¡Habíamos pasado unas siete horas en el coche! ¡Qué desastre! Así que decidimos cenar primero una deliciosa cena a base de atún a la plancha y… nos fuimos a descansar. Ya veríamos lo que ocurriría el dia siguiente de nuevo en nuestras excursiones en coche. Al menos, habíamos disfrutados de los bellos paisajes de la Isla.

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2 Comentarios

  1. ¡¡Madre mía, qué aventura!! Menos mal que mantuviste la calma y no os pasó nada a la vuelta, yo en tu lugar estaría histérica… y dudo mucho que se me diera bien ocultarlo. Me encanta el sentido del humor con que lo cuentas todo, desde el "restaurante marrano" hasta la falta de rupias, pasando por lo del escay (en mi casa, de pequeña, teníamos un sofá así y o te ponías una toalla para dormir la siesta o te sacaban de allí con rasqueta. En fin, que me lo he pasado en grande leyéndote. Un beso enorme, y gracias por compartir tus aventuras

  2. Hola Chari! De verdad, hay siempre algunas etapas de nuestros viajes en las que parecemos la familia Trapisonda. Te prometo que yo, que soy la de la intendencia, trato de informarme y evitar este tipo de imprevistos, pero hay días en los que siempre uno se "descantilla"; aunque yo, lejos de agobiarme, me parto de la risa. Y mira que tenía ganas de visitar las piscinas reales… Pero quizás estas cosas sean las que hacen de la aventura, una verdadera aventura. En fin,… Muchos besos y gracias por leer nuestras historias.

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