Phnom Penh: El genocidio camboyano

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Los Jemeres Rojos documentaron todos sus crímenes a través de fotografías

Durante el Holocausto, el régimen nazi asesinó a más de 6 millones de judíos, entre 1933 y el final de la Segunda Guerra Mundial (1945). En Camboya, el Régimen de los Jemeres Rojos exterminó a más de 3 millones de Camboyanos en los escasos cuatro años de la dictadura de Pol Pot (1975-1979). Se trata del gran desconocido Genocidio de Camboya.

Tras la retirada del Ejército Estadounidense de Vietnam y Camboya, en Phnom Penh se instauró el régimen dictatorial del Pol Pot, quien lideraría Camboya hasta enero de 1979. Una aplicación enfermiza de la filosofía maoísta dio lugar al genocidio camboyano a partir de la declaración de una nueva era –Año Cero– (1975).

Atuendo de los Jemeres Rojos (Museo Choeug Ek)

Entre las primeras medidas que el régimen de Pol Pot implantó estuvieron la eliminación de las ciudades y la declaración de estos habitantes como enemigos del Estado, la desaparición de la moneda, el comercio, el mercado, las escuelas, la literatura, toda forma de arte, cultura, y las religiones. La aniquilación sistemática de la oposición con sus familias y todos los que a los ojos del Estado eran declarados enemigos (en realidad, cualquier excusa se utilizaba para asesinar: se asesinaba a los sospechosos de ser intelectuales, a los que llevaban gafas y correctores en los dientes, a los extranjeros, a aquellos que supieran algún otro idioma, a las minorías étnicas, a los poseedores de libros, a los que no tuvieran callos en las manos, etc.), hicieron que se instalaran prisiones de tortura y campos de exterminio en donde eran asesinados los llamados enemigos del Estado con sus familias (el exterminio de una familia completa acababa con las posibilidades de venganza) después de ser transportados en camiones desde las cárceles.

Cientos de visitantes depositan pulseras en las fosas comunes de Choeug Ek en señal de respeto

 La Comunidad Internacional, en medio de la Guerra Fría y consciente de esta situación, guardó silencio y sólo, tras la invasión de Camboya por Vietnam en 1979, cuando cayó el Régimen de Pol Pot, comenzó a descubrirse la realidad que había vivido Camboya.

 Estupa conmemorativa con más de cinco mil cráneos en Choeug Ek

Aunque hubo muchos campos de exterminio en la Camboya de los Jemeres Rojos con la finalidad de aniquilar a su propio pueblo, el Campo de Choeung Ek es uno de los más visitados, por encontrarse a 15 kilómetros de Phnom Penh.

 Fosas Comunes en Choeug Ek
 

CAMPOS DE EXTERMINIO CHOEUNG EK

Choeung Ek era el lugar al que trasladaban a los torturados de Tuol Sleng para ser ejecutados y enterrados en las 129 fosas comunes que ellos mismos eran obligados a cavar antes de morir. En las, por ahora, 86 fosas excavadas se han encontrado más de 9.000 cadáveres de hombres, mujeres y niños.

A medida que iba afianzándose el Régimen de Pol Pot, aumentaban las atrocidades del ser humano contra el ser humano y, en aplicación de las medidas de ahorro de las teorías maoístas, los fusilamientos dieron paso a las muertes a golpes de pico y pala, los cortes de cuello y las palizas con el fin de ahorrar en munición.

Árbol contra el que los Jemeres Rojos golpeaban los cráneos de bebés y niños hasta causarles la muerte

 

Entre las atrocidades de los verdugos jemeres, la más bárbara, cruel e inimaginable, fue la cometida contra los bebés y los niños, a menudo en presencia de sus madres: cogían a los bebés por los pies y estrellaban sus cuerpos contra el tronco de un árbol para romperles el cráneo, arrojándolos luego a una fosa común.

En medio de la oscuridad, de los campos de Camboya, decenas de personas atados, en fila y con los ojos vendados recibían, uno tras otro, un golpe en la nuca con una azada o una caña de bambú. Luego, otro verdugo les rebanaba el cuello con un cuchillo y los tiraba al hoyo.

Prisión Tuol Sleng (Phnom Penh)

Tras su visita a Tuol Sleng y los Campos de Exterminio ha nacido en ella el interés por la Historia de Camboya y el Régimen de los Jemeres Rojos, quizás como consecuencia de intentar comprender algo a todas luces incomprensible.

TUOL SLENG: PRISON S-21

Tuol Sleng era una escuela de educación secundaria cuando fue transformada en la prisión más infame –Security Prison 21 (S-21) – en Camboya durante la dictadura de los Jemeres Rojos. El nombre Tuol Sleng se traduce como “la colina del árbol envenenado”, pero para muchos camboyanos, la prisión era conocida como “Choul min dael Chenh” – El lugar a donde la gente va, pero de donde nunca regresa-.

En agosto de 1975, cuatro meses antes de que los Jemeres Rojos tomaran el contro del Camboya, la escuela fue convertida en un centro de interrogaciones por los Jemeres Rojos, que convirtieron el colegio en una cárcel, y la llamaron Security Prison 21. Las clases fueron compartimentadas en pequeñas celdas, se habilitaron habitaciones de tortura, se enrejaron las ventanas y se blindó el edificio con alambradas eléctricas.

 

Durante los cuatro años que duró el régimen de Pol Pot en Camboya, más de 17.000 personas fueron encarceladas, torturadas y asesinadas en este lugar, al que sólo sobrevivieron 6 personas.

 

En 1979, cuando el Ejército Vietnamita invadió Camboya y fue descubierto el horror de Tuol Sleng, los dirigentes de la prisión ya habían huido dejando tras de sí las más de 6.000 fotografías y los miles de documentos con los que los genocidas documentaban su barbarie y que hoy forman parte del Museo de Toul Sleng.

 

Los Campos de Exterminio (Killing Fields) y la Prisión Tuol Sleng eran nuestro principal programa para este día. Meditamos muchísimo antes de decidirnos a visitar estos lugares con Macarena porque, a parte de la dureza del significado de estos sitios, no conocíamos el verdadero alcance de la representación del horror en ambos emplazamientos. Por un lado, llegamos al acuerdo de explicar a Macarena -al igual que habíamos hecho en Angkor– la Historia reciente de Camboya y los significados de las palabras “exterminio”, “genocidio”, “campos de la muerte”, “dictadura”,… Sin poder, por supuesto, explicarle la justificación de por qué un ser humano puede llevar a cabo esa barbarie. Por otro lado, decidimos que uno de nosotros iría “de avanzadilla” censurando todo lo impresionable para unos ojos de 9 años – lo que básicamente fue la exposición fotográfica y pictórica de tortura y muerte en Tuol Sleng-. Curiosamente, al volver de Asia, lo que hemos encontrado en Macarena ha sido un interés desmedido por conocer la Historia reciente de Camboya, quizás en un intento por llegar a comprender el comportamiento humano -algo que ni los adultos podemos llegar a hacer-.

Habíamos quedado con el tuk tuk la noche anterior -nos llevaría a ambos lugares por 15$ y esperaría hasta el final de la visita-. Y allí estaba, puntual a las 8.00 de la mañana en la puerta del Hotel.

Taquilla de acceso a los Campos de la Muerte en Phnom Penh

Las entradas a uno y otro lugar, costaban 3$ por adulto – los menores de 12 años no pagan- y en los Campos de Exterminio, la audioguía – disponible en todos los idiomas- costaba 3$; pero sólo alquilamos una para Macarena que fue la que nos hizo de Cicerone.

Macarena atenta al relato de la audioguía en Choeung Ek

Choeung Ek es un lugar más simbólico que visual. Tras la estupa budista que contiene más de cinco mil cráneos de los asesinados por los Jemeres Rojos, casi únicamente se vistan las fosas comunes en donde las víctimas traídas de Tuol Sleng eran ejecutadas y enterradas. Aún así, el lugar es espeluznante: en primer lugar, por su significado; en segundo lugar, por el relato que, de los hechos, va realizando el locutor de la audioguía, en tercer lugar, por los carteles explicativos que describen los horrores del genocidio y, en cuarto lugar, por los restos de huesos, vestidos e instrumentos que aún andan esparcidos por el suelo y que se exhiben en el camino del visitante. Es un lugar de sentimientos, de reflexión, de respeto y del que uno sale muy tocado.

 En Choeung Ek aún quedan restos humanos y ropa esparcidos que las lluvias exponen periódicamente

 

Tuol Sleng, sin embargo, es mucho más visual, ya que refleja el horror de lo que pudo ser aquella prisión durante la dictadura de Pol Pot. Aún conserva intactas las aulas de tortura en donde, sobre lúgubres camas de hierro, se electrocutaba y torturaba a los prisioneros para obligarlos a confesar lo que fuera que les implicara en un supuesto delito que los sentenciara a una muerte segura.

Camas de tortura en Tuol Sleng

La parte de abajo del segundo edificio recoge las fotografías de los camboyanos torturados y asesinados en la prisión S-21 entre 1975 y 1979, además de ilustraciones, documentos y los instrumentos originales de tortura con los que tantas atrocidades llegaron a cometer los carceleros de Tuol Sleng con sus prisioneros.

Aparato de tortura en Tuol Sleng
Conjunto de grilletes con los que los Jemeres Rojos encadenaban a los prisioneros

Las aulas de los pisos superiores conservan aún la imprimación de los horrores de este centro de detención y tortura: decenas de celdas de reducidas dimensiones, realizadas con tabiques de ladrillos o maderas, en donde permanecían inmóviles los camboyanos encerrados y atados con gruesas cadenas a una pesada barra de hierro, con un calor horroroso, y teniendo que hacer sus necesidades en una pequeña caja de munición, mientras eran golpeados, torturados y humillados esperando una próxima muerte segura en los Campos de Exterminio.

Las ventanas tapiadas, las concertinas, los huecos de unión entre aulas, la luz, el olor, los tabiques torcidos de ladrillo, las gruesas maderas asfixiantes que simulan cuadras de animales, el calor,… Tuol Sleng es un lugar espeluznante donde aún se respira el miedo y el dolor… Escalofriante.

Son decenas de sensaciones las que te invaden la mente tras pasar por la experiencia de Tuol Sleng y a Choeung Ek. Pensé mucho en la visita que realizamos muchos años atrás a los Campos de Concentración de Auschwitz y Dachau. Pero claro, aquello finalizó en 1945. Era muy lejano. Nosotros no habíamos nacido; pero ¿Esto? En 1975, yo ya había empezado a ir al colegio, y en 1979 ya había comenzado la Educación Primaria, veía la tele en color y veraneaba en la playa ¿Cómo habían podido pasar estas cosas cuando yo era niña? ¿Cómo había podido ignorar el resto del Mundo lo que estaba ocurriendo en Camboya en la época del seiscientos y la victoria de ABBA en Eurovisión? ¿Y el Mundo entero permitió este genocidio después de haber condenado los horrores del Holocausto Nazi? Luego vinieron Ruanda, Srebrenica, Congo y ahora… Siria.

 

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2 Comentarios

  1. Buff!!
    Impresionante lugar. Estos sitios te ponen la carne de gallina. Hasta que no se hacen realidad estas masacres no te das cuenta a dónde puede llegar la maldad y la perversión del ser humano. Yo soy de los que piensa que estos lugares deberían abrirnos los ojos. Impresionan porque, como tú bien dices, parece que la II Guerra Mundial queda ya lejos, y la mayoría de nosotros sólo la conocimos en los libros de historia, pero, ¿sabes por qué me conmueve más? Porque se cometieron, al igual que en Ruanda o los Balcanes, entre vecinos, gente que se conocía, incluso familiares.
    Creo que hace falta enseñar la barbarie humana para que recapacitemos.
    Gran artículo Macarena!!
    Un abrazo!!

    • Muchas gracias Lízar por tu comentario.

      Este verano, en el Museo de la Guerra de Ho Chi Minh, me emocioné viendo la fotografías de los niños gaseados con agente naranja. Posiblemente las imágenes, que han dado la vuelta al mundo cien veces, las he visto en millones de lugares, pero allí, en el “Santuario” de la Guerra de Vietnam, viéndolas todas juntas, me emocioné ¡Eran sólo niños! Así que pienso como tú, que estos lugares deben seguir existiendo para mostrar al mundo la perversión del hombre contra el hombre y los errores de la Historia que no deberían repetirse. Así que, a la salida, hice un video para nuestro canal de youtube mostrando mi disconformidad con algunas de las medidas adoptadas en nuestra Ley de Memoria Histórica sobre la retirada de determinados símbolos y la erradicación de determinados lugares. Creo que eliminar cualquier rastro físico de la Historia, no elimina las cicatrices. Y la Historia no hay que olvidarla. Hablas de Ruanda y de los Balcanes, pero es que esto mismo sigue ocurriendo en Siria e Irak, en Birmania,… ¡Dios mío! Que estamos en la era de internet!!!!!

      Estoy muy de acuerdo contigo Lízar en la opinión que has expuesto.

      Un abrazo

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