Maafushi de relax

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Al tercer día salió el sol ¡Y vaya sol Dios mío! Por fín podríamos disfrutar plenamente de nuestra experiencia maldiva. Por fín podríamos relajarnos en la Isla de Maafushi y vivir todo lo que las Las Maldivas pueden ofrecerte.

Familia Prada Sierra en Las Maldivas
Yayo y Macarenas en Maldivas


El resto de nuestra estancia la pasamos pescando, bañándonos, buceando… en fin, lo normal que teníamos pensado hacer en un sitio en el que únicamente hay mar, arena y sol. Mientras Macarena no era capaz de salir del agua tras el paso de las horas, a Yayo y a mí nos encantaba sentarnos en la orilla y ver pasar toda la serie de bichos marinos que con todo descaro se acercan a la orilla para alimentarse: mantas, tiburones pequeños, estrellas de mar,… una pasada contemplarlos tan bien en aquel mar tan transparente y con un fondo de arena tan blanco.

Raya en la orilla de la isla de Maafushi (Maldivas)
Pequeños tiburones en la orilla de la Playa de Maafushi (Maldivas)
Toda clase de depredadores se acercan a comer a la orilla

Para pasar las horas muertas y que ninguna de las dos Macarenas protestáramos, Yayo nos llevó unas gafas de bucear y un tubo a cada una para que pudiéramos acompañarlo hasta los arrecifes y contemplar la riqueza de la vida marina. A decir verdad, cuando yo observaba sola con mis gafas… salvo algún grupito de peces payaso, poca cosa veía, sin embargo Yayo y Macarena se perdían durante horas como un puntito a lo lejos y de vez en cuando me traían pescaditos desde el arrecife en una bolsa para que yo los observara, incluso ¡Yayo me trajo un pez globo! con el que se hizo fotos la isla entera antes de que lo dejara marchar de nuevo.

Pez Globo en MaldivasPeces payaso de Las Maldivas

Yayo y Macarena volviendo de bucear en el arrecife (Maldivas)
Yayo y Macarena volviendo de bucear en el arrecife
Yayo con un pez globo (Maldivas)
Yayo con un pez globo

 

Desde la orilla, también se podían observar las artes de pesca maldivas: extienden una red y comienzan a hacer ruido para asustar a los peces y dirigirlos hasta la malla.

 

Como yo andaba un poquito desilusionada con eso de pelearme con el mar para capuzar, limpiar las gafas para que no se empañaran, respirar, nadar, no tragar agua -menudo trajín-, Yayo llevó un día un flotador gigante que había metido en la maleta y nos llevó a ver el verdadero arrecife tumbadas sobre el flotador, sin tener que hacer mayor esfuerzo que mirar a través de las gafas hacia donde él señalaba: no he visto en mi vida cosa igual ¡Impresionante! Corales, barracudas, congrios, peces payasos, peces de colores de todos los tamaños y formas, peces ballesta, peces león, peces globo ¡Madre mía! ¡Parecía que toda la vida marina venía a saludar cuando llegaba Yayo! Yo sola no había visto ni una cuarta parte de lo que estaba viendo en el ratito aquel en que el sol, a pesar de que ya estaba muy morena, me quemó el culete por no haber cambiado de posición con el embobamiento.

Macarenas en el flotador gigante que les llevaba al arrecife
Gran invento de Yayo para llevarnos sin esfuerzo al arrecife
Y es que allí hay que tener un cuidado tremendo con el sol y la manera que tiene de abrasar la piel ¡anda que no vimos quemados espectaculares! Lo cierto es que, a pesar del protector solar pantalla total que siempre aplico a Macarena, estuve muy alerta con su exposición al sol porque es más bien blanquita y, cuando después de un par de horas se negaba a salir del agua, le ponía una de esas camisetas protectoras solares para niños. Aún así, no se libró de unos buenos coloretes durante toda su estancia en Maldivas.
Macarena disfrutando del mar de Maldivas

Lo cierto es que en Maldivas, al tratarse de un Estado Confesional Musulmán, y me refiero a las Islas habitadas por locales, no a los resorts, está prohibido bañarse en bikini.

En Maafushi, hay una especie de zona acotada para las turistas, pero en la parte contraria de la isla a penas hay turistas; y además no hace viento. Bien es cierto que cada vez están siendo más permisivos con las bañistas extranjeras y sólo se requiere ir cubierto (con un pareo que te cubra desde el pecho a las rodillas, o un pantalón corto y una camiseta) por las calles de la isla.

El caso es que, en nuestra línea habitual de escapar de la gente, del viento, y por supuesto de aquel gueto que delimitaba el cañizo, decidimos “instalarnos” en la parte contraria de la isla, donde había un pequeño arbusto en la orilla que daba sombra y fresquito.

Como allí no había gente, Macarena y yo comenzamos a bañarnos en bañador y… ¡No pasó nada! Así que poco a poco se fueron uniendo más chicas, incluso coincidimos allí todos los días con Mikel y Soraya, la pareja de Bilbao, con los que intercambiábamos debajo del árbol impresiones e informaciones sobre nuestros viajes; porque ellos también son unos auténticos trotamundos (las suyas las podréis encontrar en su Blog Llenando de sueños y recuerdos la mochila) y puedo asegurar que para nosotros fue el inicio de una bonita amistad.

También conocimos a un grupo de italianos que venían de Sri Lanka, eran un montón de amigos, y habían alquilado dos furgonetas completas para sus desplazamientos. Aquí, en Maafushi, habían ocupado ellos solitos un hotel. Aunque ellos únicamente iban a la playa por las tardes. En fin, que eramos nosotros los que estábamos a todas horas.

Pues a lo que iba… que lo del bikini, sin problemas. Incluso el viernes, día festivo en el calendario musulmán, que fue cuando se llenó la playa de mujeres maldivas cubiertas de pies a cabeza con sus hijos y sus neveras de playa, nadie se escandalizó de nuestra vestimenta occidental para el baño.

Las dos Macarenas dándose un baño en Maldivas
No tuvimos problemas con los bikinis

 

Uno de los días, a la hora de comer, encontramos a un grupo de españoles que, venidos desde diferentes lugares de España, y sin ningún tipo de vinculación entre ellos, se habían conocido y habían establecido una inseparable amistad ¡Llevaban allí 20 días! Y aún les quedaban unos cuantos.

Paseaban, hacían excursiones, jugaban al futbolín, hicieron un curso de buceo. Lo mejor de todo es que ¡teníamos amigos comunes!

Una noche, después de cenar, los encontramos por la isla. Querían ver el plancton bioluminiscente que ha hecho famosa a la isla maldiva de Vaadhoo, a pequeña escala en Maafushi claro. Y ¡cierto! Si se removía el agua, podían observarse cientos de partículas brillar en la oscuridad.

A esto, cuando yo era pequeña y teníamos una casa en una playa de Marruecos donde pasé los veranos de mi infancia, recuerdo que le llamábamos fosforitos, pero en Maldivas era especial, sin duda, aunque quizás fuera igual de especial en mi infancia -ya no lo recuerdo.

Yayo pescando en Maldivas
Yayo echando una cañita

A Yayo le obsesionaba la idea de embarcarse y marchar a pescar porque, entre el mal tiempo que habíamos tenido en las playas de Sri Lanka y el de los primeros días aquí, salvo unas cuantas lanzadas desde el embarcadero de Maafushi, poca ocasión de mojar las cañas había tenido.

Al principio se le ocurrió que podría alquilar un fusil para la pesca submarina, pero cuando preguntó sobre el tema, le dijeron que esa práctica de captura estaba prohibida en Las Maldivas, así que anduvo preguntando hasta que un día se encontró a un pescador limpiando las tripas de un pescado a la orilla del mar. El señor tenía los dientes completamente negros de mascar arecanut y, de cuando en cuando, se pegaba un escupitajo rojizo mientras hablábamos de la pesca, que a mí me ponía el vello de punta.

 

Macarena pescando en Maldivas
De tal palo…

El caso es que este señor tenía un amigo, que tenía otro amigo de un amigo…. que tenía una barca y que esperaría a Yayo en no se qué sitio para llevarlo a pescar por la tarde; así que, después de comer, se marchó en la barca de un pescador desconocido al que quedó en pagar 30$.

Es usual que Yayo haga este tipo de cosas. Lo ha hecho en Bali, en Gambia, en Senegal, en el Sáhara y en yo que sé cuántos sitios más.

La mayor parte de las veces se marcha con desconocidos, siempre pescadores de la zona, y a mí no es que esto me haga mucha gracia. Es más, en alguna ocasión no hablan ni el mismo idioma, por no decir que, además, Yayo es sordo y utiliza audífono para los dos oídos, con lo cual yo no sé ni cómo se entienden. Pero no puedo decir que me sienta intranquila, Yayo no es ni mucho menos un temerario intrépido que prueba suerte en la aventura, es más bien prudente, y con los años, he ido comprendiendo su sexto sentido para la pesca, algo que, por otra parte, parece es consustancial a todos los de “su misma especie”. Se reconocen en la distancia.

Yayo desembarcando tras un día de pesca en Maldivas
El de la camiseta blanca en medio de la oscuridad es Yayo

Pues llegó tarde, la verdad, más tarde de lo que nosotras habíamos pensado.

Había ya anochecido y desembarcaba en la playa con una sonrisa de oreja a oreja. Nosotras, no lo vimos llegar hasta que lo tuvimos prácticamente al lado.

Contó que había pescado tiburones, que se enganchaban solos al anzuelo, pero que el patrón no se los dejaba subir al barco. Por la expresión de su rostro, creo que debió sentirse como Santiago, el protagonista de “El viejo y el mar” de Hemingway. Estaba feliz.

Además, traía algunos otros pescados de arrecife de considerable tamaño. Y sin embargo, yo sólo acerté a preguntarle ¿Cómo os habéis orientado sin luces? Y me contestó que todo estaba oscuro, que se dirigían a la luz que emanaba de la isla y que para no encallar en los arrecifes, había un pescador en la proa con una linterna señalando la trayectoria.

Última noche en Las Maldivas
Última noche en Las Maldivas
Terminamos el día, el último de nuestra estancia, con una cena especial a la que nos invitó el Hotel más solos que las 3 por lo tarde que se había hecho, mientras Macarena y yo intentábamos sonsacarle a Yayo -del que no he mencionado lo poco hablador que es- todos los detalles que podíamos a cerca de su experiencia con la pesca en Maldivas.
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7 Comentarios

  1. Nada, sólo quería comentarte que el pez globo que con tanta ilusión nombras y muestras es un pez muy delicado, la capacidad de hincharse para aparentar mayor tamaño y exhibir sus púas es una capacidad limitada para escapar de sus depredadores, si lo utiliza varias veces se muere…así que con vuestro juego posiblemente habéis restado vida a ese pez….es conveniente saber lo que uno hace cuando invade el hábitat de otros seres vivos.Una de las premisas del buceo es NO TOCAR nada del mar, incluso está prohibido el buceo con guantes en la mayoría de arrecifes, precisamente para cohibir a la gente de tocar nada, pero vamos, veo que falta mucha información al respecto. Un saludo.

    • Hola César,
      De tu comentario es cierto que el pez globo se hincha para aparentar mayor tamaño y evitar ser comido (que no escapar), pero su capacidad de hincharse no es limitada y la conserva durante toda su vida. Por el contrario, sí es limitada la duración en la que el pez puede permanecer henchido, sobre la que no he hecho referencia.
      Por otra parte, es norma de todos conocida utilizar elementos de protección en cualquier inmersión, salvo que la legislación de la zona imponga otro tipo de medidas.
      Cuando se conoce y se ama el hábitat y las especies endémicas, se puede convivir con ellas.
      Gracias por tu comentario

  2. A ver, para el pez globo por la configuración de sus aletas es un pez muy poco ágil, por lo que le cuesta huir y sobre todo realizar ciertas maniobras….cuando el pez hincha es porque detecta un peligro, y le supone un gran esfuerzo y desgaste…de hecho no puede realizarlo varias veces seguidas..de manera que si lo tocas y se hincha, posiblemente queda a merced de sus depredadores hasta que se recupera… también puede morir por el estrés que le supone la experiencia….esto no lo digo yo, lo puedes preguntar a cualquier biólogo marino…y sobre el uso de guantes, te diré que también lo puedes preguntar en cualquier club de submarinismo o donde quieras, está prohibido en la mayoria de arrecifes protegidos del mundo..y sobre la premisa de NO TOCAR igual, es una cosa que cualquier submarinista aprende en su formación y además una recomendación a nivel internacional, cualquier buceador lo tiene claro…si tú piensas que no, que es mejor tocar animales marinos, pues bueno, eres libre de hacer lo que prefieras, pero que NO se debe tocar ninguna criatura es un hecho.un saludo.

    • Hola César,
      Podríamos hablar indefinidamente de las características biológicas de este pez globo o de las más de 100 especies restantes; pero creo que será dar demasiadas vueltas a un mismo tema. Insisto en que con el suficiente conocimiento del hábitat y las especies, te puedes relacionar directamente con ellos. Pero si tu preocupación es si se estresó al pez, se dejó a merced de depredadores o se le causó algún daño, ya te digo que no.
      Con respecto a los guantes, es un componente específico de los equipos de buceo. Es cierto que en ciertos arrecifes de determinados países o reservas naturales existe la prohibición expresa tanto de guantes, como de cuchillo, por el mal uso que algunos buceadores han venido haciendo de estos utensilios. Pero no habiendo prohibición al respecto, puede hacerse uso de la equipación completa o de parte de la misma respetando el medio en el que te encuentras.
      Sobre no tocar las cosas, pondré el ejemplo del visitante a un bosque que toca un árbol, pero no graba un corazón en su corteza; que huele una flor, pero no la arranca y que no se acerca a una seta que nunca ha visto porque no sabe si se trata de un hongo venenoso. El medio marino es igual y, cuando se conoce, permite una interacción respetuosa con el mismo. Con lo cual no creo que haya que presuponer que por llevar guantes tenga que tocar lo que puede ser dañado.
      Un saludo

  3. Aquí te dejo un enlace muy interesante, si necesitas más información al respecto de alguna fuente que no sea mi palabra, de la cual no tienes porqué fiarte, házmelo saber y con gusto te puedo pasar lo que necesites, no te tomes mi comentario como un ataque, sólo intento concienciar a quien lo lea a no seguir prácticas dañinas, un saludo http://turismo-responsable.com/s91

    • Te agradezco muchísimo tu aportación y tu inquietud por el medio marino al cual amo profundamente y con el que me siento unido desde mi niñez. De hecho, soy instructor nacional de buceo desde hace 39 años y he recorrido ya unos cuantos clubes a lo largo de tres continentes -muchos menos de los que me hubiera gustado-. Así que comparto tu interés por el medio marino. Por ello, no he visto en tus comentarios ningún ataque, más bien suposiciones poco acertadas en tus palabras.
      Quizá de haber más gente como tú en el mundo, no nos encontraríamos en el estado de degradación que nos hallamos. Me gustaría hacerte saber que esta web siempre ha estado abierta a cualquier tipo de comentarios y que si, en adelante, deseas realizar cualquier otra aportación, siempre serás bienvenido.

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