Maafushi

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En la Isla de Maafushi continuaba lloviendo a mares. Poco a poco, nuestros compañeros de viaje se fueron dispersando acompañado por el personal de los hoteles que habían venido a recogerlos para facilitarles paraguas y llevarles las maletas. A todos…menos a nosotros, que nos encontramos en medio de un tramo asfaltado entre un charco del tamaño de un lago y un enorme barrizal.

Tiempo poco paradisíaco de las Islas Maldivas
Tiempo poco paradisíaco de las Islas Maldivas


Al cabo de unos minutos se nos acercó un motorista para preguntarnos nuestro lugar de alojamiento. Iría a avisarlos, dijo y, al ratito, apareció el personal del hotel con paraguas y transportines para el equipaje ¡Esto era ya otra cosa!

Habíamos reservado un hotel en uno de los extremos de Maafushi con vistas al mar y salida a la playa: White Shell Beach Inn. Era perfecto: la arena, el mar, la terracita, Macarena bañándose mientras Yayo echaba unas cañas… ¡Pues no! Al parecer en el hotel no contaron que, con el temporal que había y con todas las comunicaciones suspendidas, nosotros nos presentaríamos allí. Así que prorrogaron la estancia de los huéspedes en la habitación que teníamos reservada.

Macarena estaba encantada con las figuritas que nos hacían cada día con las toallas
Macarena estaba encantada con las figuritas que nos hacían cada día con las toallas
El encargado del hotel estaba apuradísimo con aquella situación y, como White Shell dispone de dos alojamientos en la isla, nos dijeron que si queríamos echar un vistazo al otro hotel (de superior categoría), nos podríamos alojar en él sin incremento de precio. El otro Hotel, White Shell Island Hotel & Spa, era genial y, pese al inconveniente de no pisar la arena de la playa al salir de la habitación, era mucha mejor opción, sobre todo contando con que el temporal ahora mismo estaba azotando en la parte de la Isla en la que se encuentra ubicado el hotel que nosotros habíamos reservado.

 

Recipientes típicos para enjuague de pies en Maldivas
Por otra parte, las habitaciones eran más grandes y, en fin, que al ser la isla tan pequeña, pisaríamos la arena en 3 minutos después de habernos levantado. Así que dimos nuestra conformidad y nos quedamos, con lo cual, el apurado y encantador encargado del hotel respiró aliviado, no sin antes darnos la posibilidad, por descontado, de utilizar sin ningún tipo de restricción, las instalaciones de ambos hoteles durante toda nuestra estancia. Ciertamente encantadores. Es más, en la última noche de nuestra estancia nos invitaron a cenar y nos regalaron unos recuerdos del hotel que conservo con cariño pese a que son de estética dudosa: Se trata de un coco para Macarena y unos imanes para el frigorífico hechos de madera y decorados a mano con pinturas de paisajes de Maldivas.

 

Último día de vacaciones en familia (Maldivas)
Nuestro último día de vacaciones en 2014

Hay que decir que Las Maldivas cobra dos impuestos en las facturas de alojamiento. Uno de ello es el “impuesto por cama” que consiste en un impuesto nacional obligatorio de 8$ por persona y noche. Algunos hoteles ya lo incluyen en el precio de sus habitaciones, pero otros prefieren cobrarlo por separado. Por otra parte, desde el año 2011 Maldivas aplica también una tasa del 3,5% del precio del hotel, alquiler de veleros, escuelas de buceo y otros gastos habituales de los turistas. Este impuesto grava de forma progresiva, por lo que los turistas que pernoctan en los hoteles de superior categoría pagan más que los que optan por categorías inferiores. Por último, los establecimientos de restauración, añaden una tasa del 10% al coste de la factura. En fin, que el paraíso no tiene nada de barato.

Al atardecer, las cenas se sirven en la orilla a la luz de las velas (Maafushi, Maldivas)
Al atardecer, las cenas se sirven en la orilla a la luz de las velas

La comida no está mal. El plato nacional es el atún y además se puede comer todo tipo de pescados frescos, guisados de maneras diferentes. Hay sandwiches, patatas fritas, ensaladas, sopas, pizzas y pasta, además de frutas, cereales y leche,… así que viniendo de Sri Lanka, como era el caso, en donde casi toda la comida es picante, y es difícil encontrar algo diferente del curry, Macarena estaba más que encantada. Además, no se puede decir que comer sea caro, pero lo que sí puedo decir es que, según los entendidos – que no es mi caso-, las porciones son escasas.

Y luego, está el problema de las moscas, tema recurrente al que hace mención todo el que se ha sentado a comer en una mesa en Las Maldivas.

Al día siguiente, el tiempo andaba igual de revuelto, así que aprovechamos para dar unos paseos por Maafushi, descansar, en fin… no hacer nada en especial. En uno de nuestros paseos coincidimos con Mikel y Soraya – la pareja de Malé – que estaban encantados con haber escogido la opción de embarcarse con destino a Maafushi y, al igual que a nosotros, el país, el mar, el cielo, la gente e incluso la lluvia, ya se veía de manera diferente.

Todos, absolutamente todos, coincidíamos en algo, y era en nuestro deseo de que el temporal cesase y saliera por fin el sol.

Paraguas en Maldivas

En Maafushi particularmente y en Las Maldivas hay bastante poco que hacer cuando hace mal tiempo. No es que sea un país de vida ajetreada, pero con aquel tiempo tampoco podíamos hacer más. Me estaban dando una penita Yayo y Macarena…

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