Sefrou y Bhalil

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Mellah de Sefrou

La mañana se presentó lluviosa. Muy lluviosa. El plan para el día era visitar las localidades de Sefrou y Bhalil, a media hora de Fez; aunque al final tuvimos que modificar algo nuestras previsiones. Las poblaciones de Sefrou y Bhalil son de esos lugares en los que es raro encontrarse a un europeo caminando por sus callejuelas, pero poseen unas sigularidades muy particulares que las hacen merecedoras de una excursión si se visita la ciudad de Fes y se va con tiempo.

Balcón de una casa de la judería de Sefrou

SEFROU

Sefrou se encuentra a 38 kilómetros de Fes por la carretera R503. De Sefrou a Bhalil se tardan sólo 10 minutos, pues apenas las separan cinco kilómetros. La desviación para llegar a Bhalil está muy bien señalada en la R503. De Sefrou a Bhalil, es el primer cruce de la izquierda.

Sefrou es un pueblo de raigambre, famoso en todo Marruecos por su Festival de las cerezas en junio.

La historia de Sefrou es aún anterior a la llegada de los árabes a la zona, cuando la tribu agrícola de los sefrioui construyó ksours para protegerse de los nómadas. Posteriormente, Moulay Idriss constituyó Sefrou como lugar de residencia durante la construcción de la ciudad de Fez. Y más tarde, se convirtió en parada obligada de las caravanas que, cargadas de oro, se dirigían a Fez procedentes del desierto.

Como consecuencia del trasiego de comerciantes, Sefrou se convirtió en un punto estratégico para el comercio, y numerosos judíos de la diáspora, se instalaron en la ciudad. Tantos fueron, que la comunidad de Sefrou, con más de 8.000 judíos, llegó a convertirse en una de las mayores y más importantes de todo Marruecos. Hoy ya no queda ningún descendiente de aquellos pobladores; pero, por suerte, se ha conservado la Mellah – barrio judío-, con edificaciones más altas de lo habitual, que constata el paso de los judíos por esta ciudad marroquí.

Sefrou no es un lugar turístico –tampoco lo es Bhalil- y en la ciudad destaca su medina amurallada, curiosamente dividida por el cauce del río Agdal. Dicen que, antes que se marcharan los judíos, a la vez que lo hicieran los franceses del Protectorado, en el año 1956, la medina de Sefrou –aunque no muy extensa- era de las más elegantes de todo el mundo árabe. Era la primera vez que visitábamos Sefrou.

Las principales entradas a la medina son la puerta de Bab el-Maqam –al Norte- frente a la Plaza Moulay Hassan, donde se encuentran las paradas de taxis y autobuses; y la puerta Bab Merba – al sur- que da acceso directamente a la mellah, frente al mercado cubierto.

Aparcamos en la amplia avenida justo enfrente de la puerta Bab el-Maqam, bajo una fina y persistente lluvia. Pronto apareció el típico guía, al que agradecimos que no nos acompañara, y nos adentramos en las estrellas callejuelas enfangadas del interior de la medina para observar de cerca el continuo ir y venir de hombres entre los puestos de pescado, verduras y carne.

Lo cierto es que, aunque pequeño, su barrio judío, cruzando el río, es del todo diferente: sus balcones, sus rincones, sus puertas… Y también destaca en la medina de Sefrou una mezquita del siglo XVII. Si bien es raro encontrar más turistas en la medina, nadie suele molestar al viajero, aunque –todo hay que decirlo- no parecen tan agradables como en otros lugares de Marruecos –también es verdad que el carácter del poblador de Fez, en general, es mucho menos amigable-.

 

En sus alrededores, cascadas, lagos y la Fuente Lalla Rekia –al oeste de la ciudad- de cuyas aguas dicen que tienen el poder de sanar la locura. También la cueva El Kef-Mumen, que según la leyenda es el lugar donde se encuentra enterrado el profeta Daniel.


A Sefrou se la considera capital de las cerezas y su fiesta anual es de interés turístico nacional, y ha sido declarada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO. Pero además, Sefrou es rica en olivos y miel y famosa por su artesanía textil, sus alfombras bereberes y sus bordados y botones de seda. Todos los jueves celebra un animado zoco.

La verdad es que la lluvia era bastante molesta con los chorreones que caían de tejados y toldos, pero el lugar era más que curioso. No hay tiendas de artesanía, que es mejor adquirir en el Centro Artesanal del exterior, pero es un lugar especial por diferente.

Compramos unas fresas (10 Dh el Kg, algo menos de 1€), un grifo de plástico ¡Cosas de Yayo! Y unos palmitos y, ya cansados del barro y los goterones, volvimos al coche a tiempo para que no nos cayera la monumental que empezó a descargar con saña minutos después de que nos encontráramos a cubierto.

BHALIL

Bhalil es uno de esos rincones singulares que existen en Marruecos, cuya peculiaridad reside en que se trata de un pueblo que se halla incrustado en las rocas.

Cuenta la leyenda que Moulay Idriss, el fundador de Fes, llegó un día a caballo hasta Bhalil esperando convertir a sus moradores al Islam. Su caballo, exhausto de la travesía, cayó al suelo desfallecido y el joven rey, se hincó de rodillas pidiendo a Alá agua en sus rezos. Entonces se obró el milagro y brotó agua en el lugar en el que había caído el caballo. Los bereberes que estaban observando, se convirtieron al Islam, convencidos del poder del dios de los musulmanes. Se llamó al manantial Ait Reta y se dice que aún sigue brotando en algún punto entre el puente y la mezquita.

Bhalil destaca por casas cueva y sus fachadas de colores, unidas entre sí por un trazado de puentes.

Las mujeres en Bhalil tejen botones de seda para chilabas en las puertas de sus casas y, aunque se ofrecen guías para el paseo por las callejuelas del pueblo, el viajero puede perderse por sus calles en las que, seguro, alguna señora le invitará para contemplar el interior de su casa.

Por lo general, las casas cuevas no se distinguen del resto en sus fachadas. Sólo el interior permite adivinar la arquitectura que las hace idóneas para el tipo de clima de esta región. Son cálidas en invierno y frescas en verano.

Al llegar a Bhalil, que está en cuesta, hay que seguir ascendiendo después de atravesar la primera plaza en la que se encuentra la parada de taxis. Después de rodear el pueblo por la cima, se desciende en semicírculo y bajando, a la derecha, se encuentra un pequeño terraplén a la sombra en el que dejar el coche, previa propina a los guardas. Es ahí donde los guías del pueblo abordan al visitante y es allí el lugar en el que hay que declinar su invitación –o no- para comenzar a perderse entre sus calles.

Tras visitar Sefrou, comenzó a llover a mares y, con la efímera esperanza de que la lluvia cesara, nos acercamos a Bhalil. Pero eso no ocurrió y fue imposible bajar del coche para atravesar andando los ríos de agua que bajaban de la montaña. Lo único que pudimos hacer fue dar un pequeño rodeo en coche para ver la parte exterior de la ciudad y hacer unas cuantas fotos ¡Toda una pena!

Había previsión de lluvia para el resto de la jornada. Se nos habían estropeado las excursiones. La única opción, para alegría de Macarena, era volver a subir a Ifrane y jugar con la nieve hasta cansarnos. En la tarde… ya veríamos.

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8 COMENTARIOS

  1. Hola Miguel!
    Pues sí, escribiendo el post también he pensado en Guadix; pero ¡Se me había olvidado Setenil! ¡Qué sitios más curiosos tenemos en España! ¿Verdad? Así no hay quien se extrañe del turismo que cada año visita nuestro país.
    Marruecos es un país lleno de Historias y Leyendas, que es algo que me vuelve loca. Pero además es un destino distraído, barato, tranquilo y acogedor.
    Para los melillenses lo cierto es que es el destino recurrente para pequeñas escapadas, por la cercanía. Pero lo recomiendo del todo para aquel que no tiene claro dónde viajar con no muchos días y poco dinero.
    Muchas gracias a ti Miguel.
    Besos

  2. Hola Macarena y familia.
    Me encanta la reseña histórica que has hecho de la población de Sefrou, es un gusto leerte y aprender cosas muy interesantes, como lo de las caravanas de oro.
    Eso daría para una buena película.
    Y una vez más reseñar los lazos históricos que nos unen a España y Marruecos, me refiero por ejemplo a las casa cuevas.
    Aparte de las muy conocidas de Granada, hay un pueblo en Cadiz que es una verdadera joya.
    Setenil de las Bodegas y sus casas excavadas en la montaña.
    Gracias por el paseo y un beso para ti Macarena.

  3. Hola de nuevo, Macarena.
    Efectivamente, Guadix tiene también unas casas cueva muy turísticas como comentáis Miguel PIna y tú, Macarena. Las que hay en ese pueblecito de Cádiz, Setenil de las Bodegas, que menciona Miguel, las he visto en un programa de Canal Sur hace años, pues ya llevo casi dos años que "jubilé" definitivamente la TV, ya solo la uso para ver películas, documentales que bajo de Internet, etc.

    Me ha encantado recorrer con vosotros estas calles, bajar por esas estrechas escaleras y resguardarme de la lluvia virtual…je,je,je porque ¡menudo chapuzón que tuvisteis que soportar estoicamente! También me he divertido con vuestra guerra de bolas de nieve aqui al finalizar este nuevo viaje a estos dos pueblos Sefrou y Bhali dignos de ser visitados si se nos ocurriera ir a Marruecos y a Fez, aunque el carácter de estos vecinos no es muy sociable tal como nos comentas.
    Muy interesante el dato sobre, Sefrou, como capital de las cerezas y su fiesta anual de interés turístico nacional, declarada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.
    ¡Un abrazo grande!

  4. Hola Estrella!
    Siempre lo digo: Marruecos es un país increíble. Hay que venir a conocerlo porque está cargado de historia y tradiciones. Además, sus gentes, sus lugares recónditos, su artesanía,…
    Me alegro que te hayas reído con nosotros y espero que disfrutes con nuestras entradas.
    Un beso

  5. Hola, Macarena and family!!! Pues ni estuve en Sefrou ni en Bhalil, y me los apunto por si vuelvo, porque me parecieron encantadores a juzgar por lo que dices y por las preciosas y pintorescas fotos (bueno, de Bhalil ya nos hablarás con más detalle si en otra ocasión vuelves, porque tú no lo tienes muy lejos). Donde sí estuve fue en Moulay Idriss, ya que mencionas al fundador de la dinastía idrísida, y es una pequeña ciudad preciosa, incluso por su emplazamiento, no muy lejos de Meknes o Mequinez (no sé si la conocerás, pero si no, te la recomiendo). Comparto tu entrada, preciosa, y te dejo besos y mis mejores deseos para el finde, que ya está casi aquí.

  6. ¡Hola Mayte!
    Dentro de un par de entradas hablaré de Moulay Idriss. Jejejeje. Y de Volubilis, en donde seguro que también has estado.
    Muchas gracias por tus visitas y tus comentarios.
    Muchos besos

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