Kirguistán no lo tiene fácil en lo que a saneamiento se refiere: infraestructuras antiguas, cobertura escasa y un tratamiento de aguas residuales que deja mucho que desear. El gobierno ha puesto en marcha planes, asociaciones y reformas, sí, pero el camino es largo y requiere mucha más inversión (y gestión) para ver cambios reales.

Si a esta situación le unimos que la orografía, con más del 94% del territorio cubierto por montañas, dificulta enormemente la canalización de la red de distribución y abastecimiento de agua, y el hecho de que se trata de un país en el que la mayor parte del territorio es rural o se encuentra despoblado, ya se podrá uno hacer una idea de cómo van a ser los váteres públicos.

En Kirguistán hay que estar preparado para todo con los inodoros, ya que la mayoría de los aseos públicos son simples letrinas sin agua corriente: lo que viene siendo un agujero en el suelo, vaya. No hay agua corriente, ni luz, ni papel higiénico.

En algunos otros lugares del mundo hemos encontrado “baños secos” en los que las deposiciones se trataban con tierra o serrín y se utilizaban como compost, y la verdad es que no olían. En Kirguistán, sin embargo, hay que rezar para que el agujero sea grande y profundo, porque cuanto más pequeño y cercano a la superficie está, más nauseabundo puede llegar a ser el olor.

Y lo cierto es que, aunque no me lo esperaba, tiene mucha lógica que la situación de los baños públicos sea así cuando se conoce la situación geográfica del país.

Así que, si eres exquisito, prepárate para dejar de serlo porque en el mejor de los casos te va a tocar casetilla con puerta que cierra mal y a hacer equilibrio sobre un agujero maloliente.

En algunas gasolineras, se pueden encontrar baños públicos de pago (entre 5 y 10 som – 0,05€), pero hay que cruzar los dedos porque el olor que muchos desprenden es insoportable.

Las cafeterías y los centros comerciales de Bishkek también disponen de baños públicos, muchos de ellos con taza turca, pero no todos están bien. Por suerte, encontramos alguno que sí que lo estaba, pero fue una raya en el agua.
Así que, si eres de los que no pisa un baño público sin gel hidroalcohólico y papel de triple capa, quizá Kirguistán te obligue a replantearte tu relación con lo esencial: un suelo firme y un agujero que, con suerte, esté lejos de la nariz.

