En el noreste de Sulawesi se encuentra uno de los espacios naturales más importantes de Indonesia en términos de endemismo: el Parque Nacional de Tangkoko. Tras recorrer sus senderos y explorar distintas zonas del parque, queda claro que su relevancia no radica en grandes paisajes panorámicos, sino en la extraordinaria concentración de fauna única que alberga.

Tangkoko es selva tropical densa, humedad constante y actividad biológica prácticamente continua. Es un destino orientado a la observación y a la paciencia.
La naturaleza no es un lujo, sino una necesidad del espíritu humano, tan vital como el agua o el buen pan.
Cómo llegar al Parque Nacional de Tangkoko
La vía de acceso más habitual es volar hasta Manado, capital regional con aeropuerto internacional. Desde allí, el trayecto por carretera hasta Batuputih —la aldea situada junto a la entrada del parque— dura entre una hora y media y dos horas.

Hay un tramo de autopista hasta Bitung, pero a partir de aquí, como ocurre en casi toda la isla, la carretera se estrecha y serpentea.
Aunque se puede contratar un traslado con el alojamiento, nosotros optamos por tomar un Grab en el mismo aeropuerto, más que nada, porque es más barato a pesar de que carga el peaje de la autopista y el aparcamiento en el aeropuerto. En la sala de las cintas de maletas hay varias oficinas de distintos tipos de compañías VTC, pero nosotros fuimos directamente a la de Grab. En total, pagamos 459.000 IDR (23€).
Alojamiento y comida

La oferta de alojamiento en Batuputih es sencilla. Predominan las guesthouses familiares y pequeños ecolodges integrados en el entorno natural. Las instalaciones son básicas, pero adecuadas para estancias cortas centradas en la visita al parque.

Nosotros nos alojamos en Renny´s Tangkoko Safety Stop y pagamos 66€ dos noches con desayuno. El sitio es una casa unifamiliar de una sola habitación con una gran cristalera que da al río, y un bonito porche con un estanque. Este lugar se encuentra en la misma entrada del Parque.

Aunque en la carretera que lleva a la playa hay alojamientos que sirven comida, nosotros optamos por comer y cenar en el restaurante, tipo chiringuito de playa, que posee el dueño del alojamiento en la misma orilla. Ya no sólo porque el sitio es muy agradable, sino porque sirve una comida buenísima tipo occidental, cansados como estábamos de la comida básica de las Islas de Raja Ampat.

Cómo visitar el Parque: guías, entradas y organización

El acceso al parque requiere guía local autorizado. Esta medida no solo responde a normativa oficial, sino que resulta práctica: la fauna está perfectamente camuflada y su localización depende en gran parte del conocimiento del terreno.

Las salidas más productivas se realizan al amanecer y al atardecer. Aunque a nosotros también nos ofrecieron un tour que empezaba a primera hora de la mañana, cuando aún no ha salido el sol, que es cuando pueden verse los tarsiers, finalizando cuando se hayan visto el conjunto de los cuatro principales animales del Parque.

Pero estábamos demasiado cansados para levantarnos antes del amanecer, así que optamos por visitar el Parque en dos tramos: por la mañana para ver pájaros, el cus cus y los macacos; y volviendo antes de la caída del sol para ver los tarseros y las tarántulas.

La desventaja de esta elección es que tienes que hacer dos veces el camino de ida y vuelta, que no es moco de pavo. Sobre todo porque no tuvimos demasiada suerte y estuvimos desde las 8:00 hasta las 14:00 buscando los animales.

Un día completo permite una primera aproximación al parque. Sin embargo, dedicar dos jornadas aumenta considerablemente las posibilidades de observar distintas especies en momentos de actividad diferentes.
La estación seca (aproximadamente de abril a octubre) facilita el tránsito por los senderos, aunque la biodiversidad es constante durante todo el año.

Nosotros visitamos Tangkoko en enero (temporada húmeda), sin embargo, ni llovía, ni los senderos estaban embarrados. Y eso significa que puede que no te libres de la lluvia en temporada seca. Supongo que, como ocurre generalmente en Asia, que llueva o no es más bien cuestión de suerte.

El precio del tour doble en el alojamiento (Mañana 7.00 a.m. y tarde 16:30 horas) nos costó 500.000 IDR (25€) por persona.
La entrada al Parque cuesta 100.000 IDR (5€) al día, aunque entres más de una vez. Pero cada día que entres, debes pagar la entrada para ese día.
En un primer momento, antes de viajar, nos planteamos si coger un guía desde Manado. Pero, las visitas al Parque se pueden organizar perfectamente con tu alojamiento y ¿Con quién mejor que con alguien que ha vivido allí toda su vida?
Qué ver en Tangkoko: especies endémicas
El principal motivo para visitar el Parque Nacional de Tangkoko es la observación de fauna endémica. Tras recorrer el parque en distintas franjas horarias, se comprueba que su valor biológico es notable, especialmente por cuatro especies que definen la experiencia.

Pensábamos que la humedad sería horrible y que seríamos pasto fácil de mosquitos, pero sorprendentemente no fue así. Pero por si acaso, yo concretamente, llevaba calcetines altos y repelente contra insectos.

Comenzamos la caminata por senderos pavimentados hasta terminar adentrándonos en la selva: pájaros de colores insólitos, especies de árboles milenarios y el silencio absoluto.

El primer encuentro se produjo con el cuscús. El Ailurops ursinus, conocido como cuscús, no fue fácil de ver de no haber sido por la pericia de Eno, nuestro guía, que lo encontró desplazándose lentamente entre las copas de los árboles con un bebé. Este animal es un ejemplo singular dentro de la fauna indonesia por tratarse de un marsupial.

Entre las aves, destaca el Buceros cassidix, el hornbill o cálao de Sulawesi. Su presencia suele anunciarse por el sonido fuerte de sus alas. La silueta es inconfundible por el casco prominente sobre el pico. Fue muy difícil encontrarlo.

Tuvimos que dar muchísimas vueltas para encontrar un grupo de Macaca nigra, conocido como macaco crestado negro de Sulawesi. Se trata de una especie en peligro crítico de extinción y exclusiva del norte de la isla. Durante la visita fue posible observar varios grupos junto a la playa. El Parque estaba vacío, pero nuestro guía nos llevó a la playa. “Si el bosque está vacío de macacos, búscalos en la playa”, y efectivamente, allí estaban; comiendo mangos.

Su comportamiento social resulta especialmente interesante: interacciones constantes, jerarquías visibles y conductas de acicalamiento. La proximidad puede ser considerable, pero parece que no es una especie agresiva, como ocurre con los monos en Bali. Quizá aquí están acostumbrados a grupos muy reducidos de visitantes que no los molestan. Por si acaso, no hay que acercarse demasiado a ellos.

Y con ellos, terminó nuestro tour de cinco horas.

Al atardecer, la atención se centró en el Tarsius tarsier. Es uno de los primates más pequeños del mundo y su observación es completamente distinta. La búsqueda se realiza en zonas específicas donde descansa. Una vez localizado, encontramos bastantes pequeños grupos de visitantes acercándose, algunos con un comportamiento bastante poco respetuoso y sorpresivo. Sus grandes ojos son una adaptación evidente a la actividad nocturna. La experiencia requiere silencio y luz muy controlada.

Estas cuatro especies concentran buena parte del interés del parque. Aunque Tangkoko alberga otros reptiles, aves e insectos, la experiencia gira principalmente en torno a la posibilidad real de observar en libertad al macaco crestado negro, el tarsero, el cuscús oso y el hornbill en su entorno natural.
La playa negra del Parque

Tangkoko también cuenta con una franja costera de arena oscura volcánica. No se trata de una playa turística desarrollada, sino de un entorno natural donde la selva alcanza prácticamente el mar.
Es un espacio adecuado para caminar o descansar tras las rutas por la selva, aunque no dispone de servicios ni infraestructuras específicas. Además, el mar rompe con fuerza en la orilla, por lo que no sé si es recomendable el baño.

Frente a la costa, se encuentran decenas de rompongs, unas embarcaciones tradicionales con forma de casas en las que los pescadores pasan los días atrapando los peces que caen en sus redes.
Un caso paradigmático que trascendió internacionalmente fue el de Aldi Novel Adilang.
En 2018, este joven pescador trabajaba en un rompong frente a las costas de Sulawesi cuando un temporal rompió las amarras que lo mantenían anclado. Permaneció 49 días a la deriva, sobreviviendo gracias a la pesca y utilizando madera de su propia estructura para cocinar.
Fue finalmente rescatado cerca de Guam, en las Islas Marianas, a miles de kilómetros de su punto de partida.


6 comentarios
Qué bonito!! Qué maravilla poder ver todos esos animales en su ambiente. Un abreazo
Sí, sí, Asun, una experiencia realmente interesante.
Un abrazo!!!!!
Me encanta esta entrada, Macarena, como amante de todo lo natural que soy.
Tiene que haber sido una experiencia maravillosa ver tantos animales desconocidos en su hábitat.
Gracias por contarnos este bonito viaje.
Un abrazo fuerte.
Gracias a ti, Carmen. La experiencia fue agotadora, pero muy interesante.
Un besazo!!!!
Por las fotos Macarena veo que es un parque precioso, que suerte poder visitarlo. Un beso y feliz finde
Es muy curioso ver estos animales.
Un beso!!!