Viajar desde Bishkek hasta Karakol por la orilla norte del lago Issyk Kul es una de las rutas más fascinantes que puedes hacer en Kirguistán. En este recorrido atraviesas una mezcla de Historia antigua, paisajes sorprendentes, cultura nómada viva y el lago de montaña más impresionante de Asia Central.

Además, lo bueno de la ruta es que el asfalto es el mejor de todo el resto del país; aunque los estrictos límites de velocidad y el control policial ralentizan mucho la marcha.

Aquí te presento una guía detallada de qué ver en el camino, incluyendo paradas esenciales como la Torre Burana, el valle de Chon Kemin, los Cañones de Konorchek, el Museo de Petroglifos de Cholpon Ata y, por supuesto, el Lago Issyk Kul como hilo conductor.
Todas las aventuras, sobre todo en un nuevo territorio, dan miedo.
Torre Burana – Un minarete entre las estepas y sus guardianes de piedra

A poco más de una hora de Bishkek, cerca de la ciudad de Tokmok, se encuentra la Torre Burana, uno de los monumentos históricos más emblemáticos del país. Este antiguo minarete, construido en el siglo XI, es todo lo que queda visible de Balasagun, una ciudad clave de la Ruta de la Seda.

La torre mide hoy unos 25 metros —originalmente alcanzaba los 45, antes de ser parcialmente destruida por terremotos— y puedes subir por su angosta escalera en espiral para disfrutar de una vista panorámica sobre las llanuras de Chuy y las montañas al fondo.

Se cree que la torre fue el minarete de una gran mezquita, y no solo tenía función religiosa: también servía como torre de vigilancia y como punto de referencia para las caravanas de la Ruta de la Seda que atravesaban la región.
Pero el verdadero encanto de Burana está también en lo que la rodea:

Los balbals, estelas funerarias túrquicas talladas en piedra, se alzan en el campo alrededor de la torre. Representan guerreros o figuras humanas, muchas veces con objetos en las manos, y se cree que marcaban tumbas o rendían homenaje a los muertos. Pasear entre ellas es como caminar entre los espíritus silenciosos de una época guerrera.

Un pequeño museo local, junto a la torre, exhibe objetos arqueológicos hallados en la zona: cerámicas, herramientas, monedas y elementos arquitectónicos de Balasagun. Aunque modesto, es muy informativo y contextualiza perfectamente la importancia histórica del lugar.

Entrar al recinto cuesta 110 som (1€) y abre de 9:00 a 17:00 horas
Chon Kemin – Un valle para desconectar
Siguiendo camino, un desvío te lleva al Parque Nacional de Chon Kemin, una joya natural encajada entre las montañas Tian Shan. Es un lugar ideal para quienes buscan salir del circuito turístico y sumergirse en la Kirguistán rural y tradicional.
Aquí puedes:
Hacer senderismo o cabalgatas por los valles alpinos.
Hospedarte en una yurta o casa familiar y disfrutar de la hospitalidad kirguisa.
Probar comidas caseras, ver cómo se elabora el pan en horno de barro y participar en actividades rurales.
El ritmo aquí es otro: más lento, más conectado a la tierra, al silencio y a la vida comunitaria.
Aunque nosotros barajamos en un principio haber hecho noche en Chon Kemin, finalmente decidimos modificar nuestros planes. El alojamiento disponible no era precisamente barato y no visitamos Kirguistán con la idea de alojarnos en una yurta, que entendemos que es una de las atracciones del país; pero eso de tener los baños fuera de la habitación es algo que no nos gusta especialmente. Pero hay que reconocer que el entorno es muy tentador.
Cañones de Konorchek – El desierto escondido

A la altura del desfiladero de Boom, entre montañas, se esconde un paisaje que rompe con la imagen verde de Kirguistán: los Cañones de Konorchek. Estas formaciones de arenisca roja, erosionadas por el viento y el agua, crean un escenario que recuerda al suroeste de Estados Unidos.
La caminata hasta el cañón principal toma unas 3 horas (ida y vuelta), aunque nosotros hicimos una caminata algo más corta, con un sendero que atraviesa un lecho seco de río y se adentra en un laberinto de paredes rojas, arcos naturales y columnas de roca.
Es un lugar poco visitado y silencioso, donde la inmensidad del paisaje te hace sentir pequeño. Lleva agua, buen calzado y prepárate para uno de los trekkings más fotogénicos del viaje.
Nuestra parada en Konorchek fue en el camino de vuelta a Bishkek, no en la ruta de ida a Karakol. El camino comienza en un lugar llamado Kyzyl Terek que está junto a la autovía.
Lago Issyk Kul – El mar interior de Asia Central

Y de pronto, aparece ante ti: el Lago Issyk Kul, inmenso, azul profundo, abrazado por montañas nevadas. Con 180 km de largo, es el segundo lago de montaña más grande del mundo y el centro emocional y cultural de Kirguistán.
“Issyk Kul” significa “lago cálido” en kirguís, y no es casual: a pesar de estar a más de 1.600 metros de altitud, nunca se congela gracias a su ligera salinidad. Las aguas son limpias y templadas en verano, y sus playas (como las de Tamchy, Cholpon Ata o Bosteri) son perfectas para nadar, descansar o simplemente contemplar.

La orilla norte, por donde transcurre esta ruta, está más desarrollada y ofrece opciones de alojamiento, baños termales y actividades acuáticas. Pero aún conserva rincones tranquilos, donde solo se escuchan las olas suaves del lago y el canto lejano de las aves.

Nuestro alojamiento estaba ubicado en Cholpon Ata: una casa para huéspedes en el patio de una casa familiar, lo cual supuso una gran sorpresa para nosotros que lo habíamos reservado como Hotel Diamond (22$). Y además, durante nuestra visita a Kirguistán, a pesar del buen tiempo, aún no era temporada de baño en el lago, por lo que encontramos un lugar casi desértico con todos los restaurantes cerrados, suponiéndonos un gran reto encontrar un lugar para cenar.
Museo de Petroglifos de Cholpon Ata

A pocos minutos del centro de Cholpon Ata, sobre una ladera con vistas al lago, se encuentra uno de los sitios arqueológicos más interesantes del país: el Museo de Petroglifos al Aire Libre.

Aquí, esparcidas entre arbustos y piedras volcánicas, puedes ver más de mil petroglifos grabados entre el 1500 a.C. y la Edad Media. Las figuras representan ciervos, toros, cazadores, danzas rituales y símbolos solares. Fueron creadas por culturas nómadas de la Edad del Bronce y del Hierro, como los escitas y los saka, y luego por pueblos túrquicos. Se cree que este sitio funcionó como un lugar sagrado, de culto al sol y a la naturaleza, usado para rituales y ceremonias.

El sitio se encuentra en una antigua morrena glaciar, es decir, un campo de rocas transportadas y depositadas por un glaciar que existió en la zona durante la última glaciación (probablemente en el Pleistoceno). Estas rocas, de origen volcánico (principalmente granito y basalto), fueron arrastradas desde las montañas cercanas y quedaron esparcidas sobre la ladera a medida que el glaciar retrocedía.

Hay varias razones por las que este sitio fue elegido para grabar petroglifos:
Facilidad de acceso a grandes piedras con superficie lisa.
Elevación y visibilidad del lugar (en una suave ladera sobre el lago), lo que lo hacía especial y posiblemente sagrado.
Presencia continua de grupos humanos, gracias al clima benigno del Issyk Kul y su valor como zona de paso.

Los motivos que muestran los petroglifos incluyen:
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- Íbices (cabras montesas), a menudo con cuernos curvados.
- Ciervos y toros, algunos con detalles sorprendentes.
- Escenas de caza, con jinetes a caballo, arcos y lanzas.
- Danzas rituales, figuras antropomorfas y símbolos solares.

Estas representaciones no eran solo arte: eran actos espirituales y narrativas culturales que conectaban a los pueblos antiguos con su entorno, sus dioses y sus ancestros.

Hay que pagar una entrada de 80 som (0,80€) por persona y abre todos los días de 08:00 a 20:00 horas. Hay diferentes senderos marcados para ver los petroglifos principales marcados con hitos y carteles explicativos.

La sensación de estar rodeado por estas imágenes milenarias, con el lago de fondo y las montañas al horizonte, es profundamente conmovedora. Es una oportunidad de conectar con las creencias y expresiones espirituales de los antiguos pueblos que habitaron esta tierra.

Pero los petroglifos de Cholpon Ata no son los únicos de Kirguistán. Al sur del país y a una altura de 3.000 metros se encuentra Saimaluu Tash; en la región de Naryn se encuentran los petroglifos Ak-Bulun; y en los alrededores de Tash Rabat pueden encontrarse también algunos grabados sueltos.


4 comentarios
Por lo que veo en el bonito reportaje que nos traes Kirguistán esta bastante bien, es de los lugares que no me importaria visitar. Veo que hay bastante para ver. Un beso Macarena
Un país totalmente distinto con unos paisajes muy bellos.
Un beso, Vicenta
Hola Macarena, me podrías decir la empresa con la que alquilaste el coche?
Muchas Gracias
Un Saludo
Buenas Manuel,
Te he enviado un correo.
Un saludo