Situado entre las montañas del Tien Shan, en el corazón de Kirguistán, el lago Issyk-Kul es uno de los tesoros naturales más impresionantes de Asia Central. Mientras que la Orilla Norte es más conocida por sus balnearios y turismo convencional, la orilla sur ofrece una experiencia mucho más salvaje. Aquí, las montañas se alzan abruptamente sobre las aguas cristalinas, los pueblos conservan sus tradiciones nómadas y los caminos conducen a paisajes que parecen de otro mundo.

Viajar por esta orilla es adentrarse en una ruta poco transitada, donde cada parada tiene algo único: cascadas escondidas en el valle de Barskoon, petroglifos milenarios en Tamga, cañones de tonos rojizos y encuentros con los berkutchi, los legendarios cazadores con águila. Es una etapa que mezcla aventura, espiritualidad y una fuerte conexión con la naturaleza.

En esta zona estuvimos un par de días porque, aunque los pueblos son pequeños, hay muchas actividades y cosas para ver. Las dos noches nos alojamos en el Hotel Muras de Bokonbayevo. Y si las carreteras de la orilla Norte del Lago fueron malas, las de esta zona son ya para morir.
En todas las cosas de la naturaleza hay algo de lo maravilloso.
Tamga: Las Piedras de Tamga-Tash

La pequeña aldea de Tamga, enclavada entre colinas suaves y la orilla sur del lago Issyk-Kul, es un lugar tranquilo que muchos viajeros pasan por alto. Pero bajo su apariencia discreta, esconde uno de los rincones más enigmáticos de la región: las piedras Tamga-Tash.
El lugar de Tamga fue donde se construyó un sanatorio militar soviético y donde aterrizaban aviones rusos. Hoy en día, la playa de Tamga es una atracción turística popular, con arena dorada y vistas a las montañas.

El nombre Tamga proviene de una antigua palabra túrquica que significa sello o emblema tribal, y eso es exactamente lo que encontrarás aquí: enormes rocas con inscripciones talladas, símbolos budistas y marcas misteriosas, algunas de origen tibetano, otras aún sin descifrar del todo. Estas piedras han sido veneradas durante siglos, y todavía hoy muchos lugareños les atribuyen propiedades espirituales o curativas. Para algunos, son vestigios de antiguas rutas de peregrinación; para otros, son simplemente testigos de un pasado que se resiste a ser olvidado.
Valle de Barskoon

A pocos kilómetros al oeste de Tamga se abre el imponente valle de Barskoon, un lugar donde la montaña se vuelve protagonista y la historia soviética se mezcla con la naturaleza kirguisa más salvaje. Desde la carretera principal, una pista asciende serpenteando entre bosques de abetos y riachuelos cristalinos, llevando al viajero a uno de los valles más visitados por quienes buscan senderismo, aire puro y panoramas alpinos.

Uno de los primeros hitos del valle es también el más insólito: un busto de Yuri Gagarin, el primer ser humano en viajar al espacio. ¿Qué hace ahí? Gagarin pasó un tiempo descansando en Issyk-Kul tras su vuelo histórico, y este monumento se alza en su honor, recordando esa curiosa conexión entre el espacio y las montañas de Kirguistán. Frente a ella, una segunda escultura un poco más pequeña pero igual de especial.

Desde ahí, el valle sigue ascendiendo entre caballos salvajes y campamentos de yurtas. Uno de los mayores atractivos son sus cascadas, especialmente la Cascada de las Lágrimas del Leopardo de las Nieves, un salto de agua que cae en medio de paredes rocosas cubiertas de musgo. Es un lugar ideal para una caminata corta.

Pero Barskoon no termina ahí. La pista continúa subiendo hasta el Paso Barskoon (3819 m). Desde este punto, el camino se adentra en las altas mesetas que finalmente llevan hacia la frontera con China, conectando con la Ruta de la Seda moderna y con uno de los corredores más remotos de Asia Central. Pero hay un control de carreteras que te obliga a tener el Permiso de Zona Fronteriza, que se tramita aparte del visado, para atravesarlo.

El valle de Barskoon es más que un bonito paisaje: es una puerta abierta hacia las alturas, un lugar donde la historia, la geopolítica y la naturaleza conviven sin estridencias.
Cañón de Skazka

Entre Barskoon y Bokonbayevo, el paisaje cambia radicalmente. El verde da paso al rojo, y la montaña se convierte en arcilla. Aquí se encuentra el Cañón de Skazka, también llamado Cañón del Cuento de Hadas, un rincón surrealista esculpido por el viento y el tiempo.

Hay un pequeño cartel en la carretera principal que indica la entrada y, para acceder hay que pagar 50 som por persona (0,50€).

Explorar Skazka es como entrar en un decorado. Las formaciones rocosas, echándole imaginación, dicen que recuerdan castillos, dragones, torres y criaturas mitológicas. No hay rutas oficiales, lo que te permite caminar libremente y trepar por las crestas para obtener vistas espectaculares del lago al fondo, pero hay una zona, en la que se dejan los coches en la que un cartel indica las diferentes rutas de trekking recomendadas y su duración. También allí mismo hay un pequeño puesto de souvenirs.

El cañón es un lugar muy fotogénico por sus tierras de colores y la forma en cómo el sol incide sobre las diferentes formaciones de arcilla.

Bokonbayevo

La ruta concluye en Bokonbayevo, un pueblo que, aunque pequeño, guarda una de las tradiciones más emblemáticas del Asia Central: la caza con águilas reales.

Aquí viven varios berkutchi, cazadores que entrenan águilas desde que son jóvenes y las convierten en compañeras de caza. Esta práctica, transmitida de generación en generación, requiere paciencia, intuición y un lazo emocional muy fuerte entre humano y ave. Hoy en día, ya no se practica para sobrevivir, sino como un símbolo de identidad cultural.
En Bokonbayevo puedes asistir a demostraciones de cetrería, aprender sobre las técnicas y conocer las historias personales de quienes mantienen viva esta tradición.


4 comentarios
Unos lugares realmente impresionantes!!! Un abrazo!!!
Gracias Asun. Un abrazo!!!!
Me gusta la experiencia mas salvaje de la parte sur, es mas autentica y como tu dices parece de otro mundo. Un beso Macarena
Sí, Vicenta, está guay. Un beso!!!!