Han Chin Pet Soo, el club de los cuatro males

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Gran comedor para los miembros del club

Hubo un tiempo en Malasia en el que el opio, el juego, la prostitución y las tríadas no estaban prohibidos y se daban cita en casas club frecuentadas por emigrantes de la comunidad Hakka venida de China para trabajar en las minas de estaño. Han Chin Pet Soo, en Ipoh, es uno de esos clubes exclusivos solo para miembros que ha sido reconvertido en museo y hoy día ofrece una visión de lo que era el tiempo de ocio para los emigrantes mineros desde finales del siglo XIX.

Recreaciones en museo de un club para mineros del siglo XIX en Ipoh
Recreación de una escena de la época

Un club para mineros chinos del estaño

Han Chin Pet Soo se encuentra en el casco antiguo de Ipoh en un edificio colonial de tres pisos que destaca precisamente por su altura sobre el resto de las shophouses tradicionales.

Ipoh Turismo
Edificio colonial que alberga Han Chin Pet Soo

La villa fue construída en 1893 por el fundador de Hakka Miners Clubhouse, Leong Fee, un minero del estaño, para albergar un exclusivo club de mineros de la comunidad china de los Hakka, por lo que aquellos que no eran miembros, no podían ingresar en su interior.

Tras la muerte del fundador, la casa fue deteriorándose hasta que terminó en manos de Ipohworld, que la restauró por completo y la convirtió en un museo.

El museo es un escaparate de la impresionante estructura de los edificios coloniales chinos, antigüedades originales y la historia de las minas de estaño en los siglos XIX y XX.

Minería del Estaño en Malasia
Objetos originales de principios del siglo XX

En la planta baja, se pueden observar, con todas sus piezas de época, un gran comedor comunitario, una centralita telefónica, una gran cocina en la que se preparaban las comidas para los miembros del club y algunas escenas de la minería del estaño.

Fundación Ipohworld
Cocina con todos sus utensilios

El primer piso es el más interesante porque aglutinaba la mayor parte de los pecados capitales.

Emigrantes japonesas del siglo XIX
Prostitutas japonesas

Durante esta época, los vicios no eran ilegales e incluso había impuestos que gravaban el opio y la prostitución. No obstante, el lugar estaba vedado a las esposas y las únicas mujeres que podían acceder al club era el personal de limpieza y las prostitutas, incluidas las japonesas, que estaban fácilmente disponibles para citas privadas en habitaciones del tercer piso.

Ipoh Turismo
Habitaciones para citas

En el primer piso, la primera estancia estaba dedicada al consumo de opio en donde los miembros podían obtener su dosis y consumirlas en camas de madera.

El consumo de opio por los emigrantes chinos
Consumidor de opio

Además, hay una sala de juego en la que los miembros podían jugar, beber y entretenerse con las prostitutas y las bailarinas.

Lo mejor de Ipoh
Mobiliario en la sala de juegos

En cuanto a las sociedades secretas, se exhibe una muestra de diplomas de membresía que se emitía a los miembros que se habían iniciado con éxito en la tríada, la Sociedad Hung, tras jurar lealtad y beber una mezcla de su propia sangre con sangre de pollo.

Finalmente, en el tercer nivel hay habitaciones que se construyeron en la década de 1930 y 1960 y una exposición sobre la comunidad Hakka de China y sus migraciones a otros lugares del mundo.

Etnia Hakka
Miembros de la etnia Hakka

Visitar Han Chin Pet Soo

Como la visita a este lugar necesita reserva previa y además la entrada es gratuita (aunque, al finalizar la visita te sugieren la cantidad que habría que meter en una caja como donativo), no nos planteamos que podríamos visitarla. Sobre todo porque no teníamos claro la fecha exacta en la que visitaríamos Ipoh.

¿Qué es Han Chin Pet Soo?
Latas de petroleo y fuel

Por otro lado, las fotografías que habíamos visto con unos maniquíes un poco cutrecillos, desalentaban nuestras ganas de pasar una hora en este lugar.

¿Qué se ve en Han Chin Pet Soo?
Camas para consumo de opio

Pero ocurrió que finalmente, dando un paseo por internet, encontramos tres pases para el día que visitábamos el centro histórico de Ipoh y en una hora en la que no teníamos previsto hacer nada. Así que allí terminamos. Y después de haberlo visitado, hubiese sido una pena si nos hubiésemos marchado de Ipoh sin haberlo visto.

Reservas Han Chin Pet Soo
Güisqui y licores

La visita es guiada en inglés y con grupos muy reducidos. Los guías están absolutamente empapados de los avatares de la comunidad Hakka, los llamados “judíos de Asia”; la historia de la minería del estaño en Malasia  y con todos y cada uno de los objetos, todos originales por cierto, que se encuentran en la Casa.

Club minero chino de Malasia
Muebles y objetos originales

Se pueden observar los utensilios de cocina, el mobiliario original, incluso algunas prendas de ropa. Se reproducen las antiguas formas del consumo de opio y todos los elementos para ello requeridos;  se ven los distintos juegos de apuestas, los aparatos reproductores de música, fotografías de la época, objetos de uso cotidiano ¡Es alucinante! Incluso te dejan sentar en muebles de más de 150 años.

Estructuras originales de las casas coloniales de Malasia
Baños de la época

Además, el edificio sigue conservando sus estructuras originales: los suelos hidráulicos, las escaleras de madera, los sanitarios y lavabos ¡Increíble!

Enlosados coloniales de Malasia
Baldosas originales recuperadas

Dirección

Han Chin Pet Soo se encuentra en 3, Jalan Bijeh Timah, 30100, en pleno corazón del Casco Histórico de Ipoh

Horario

Han Chin Pet Soo abre todos los días excepto los lunes.

Se realizan cuatro turnos de visitas a las 9:30, 11:00, 14:00 y 15:30.

Los grupos no admiten más de 20 personas que, de estar completos, se reparten entre dos guías.

Reservas

Las reservas para realizar la visita se realizan por internet en la siguiente dirección: http://www.ipohworld.org/booking/page-reservation-0.php y aunque se recomienda hacerlo con 30 días de antelación, ya hemos contado que nosotros reservamos el mismo día.

Precio

La visita es gratuita, aunque al final, hacen una sugerencia de donación.

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12 Comentarios

  1. Realmente curioso. la verdad es que siempre donde hay este tipo de trabajos como la minería que atraía a muchos hombres con frecuencia solos generaba una serie de negocios a su alrededor que intentaban sacarles lo poco que ganaban y si podian el alma también. No me extraña nada la existencia de este lugar y que estuviera permitido, a todos les interesaba. Un beso

  2. Que interesante Macarena!!! Y te dejan sentarse en muebles tan antiguos…eso solo pasa en Malasia. Los lugares como estos, que siguen intactos, son los que nos muestran como era realmente la vida. Quizá por eso me gustan tanto. Y encima gratis. Aunque como bien dices, eso de reservar condiciona un poco, uno a veces no sabe lo que va a hacer..Si algún día vuelvo y lo visito hago como tu, miro la web el mismo día por si hay huecos libres.
    Un abrazote,

  3. Otra nueva visita con encanto, querida Macarena, naturalmente me estoy refiriendo a esta publicación, el curioso Museo de Ipod, que tampoco conocía, pero que ahora y gracias a tu espléndida información junto a tu atractivo reportaje fotográfico, pues verdaderamente me ha resultado fascinante, por la cantidad y variedad de objetos, estancias y esa historia tan apasionante que enciera, como haber sido la sede de un club exclusivo para emigrantes de procedencia china y que trabajaban en las minas de estaño y que se destinó a la diversión y los placeres de la vida mundana.

    Muchas gracias un día más por dejarme tu estimada huella.

    Un besazo y feliz miércoles.

  4. Veo que el lugar era todo una oda a los pecados capitales,… jajaja pero especialmente me han gustado los suelos hidráulicos, son prácticamente iguales a los que podemos encontrar por Europa. También las fotografías antiguas son especialmente hermosas. Bonita entrada Macarena!

    • Gracias Norte.
      Los suelos y las cerámicas son una belleza, sí señor. Imagino que serían importadas de Europa o, quizás, hubiera fábricas regentadas por colonos.
      Y, en fin, cada época tiene una particularidad que, vista con perspectiva, escandaliza a las generaciones futuras.
      Me alegro que te haya gustado.
      Un fuerte abrazo.

  5. Un buen repaso por la historia y el ocio de los inmigrantes mineros. Desde luego no se lo pasaban mal, aunque yo no consumiría opio con tal de no tumbarme en esas incómodas camas para su consumo.
    Los muy listos tenían de todo lo que le interesa a los hombres.
    Las baldosas son preciosas, muy parecidas a las que podemos ver aquí en casas de los años 40.
    Estupenda entrada, Macarena.
    Besitos.

    • Hombre, Carmen, yo creo que con el colocón del opio, ni se daban cuenta de lo incómodos que podían ser los bancos de madera. Además, apoyaban las cabeza en una especie de almohadas de cerámica… para rematar la faena de la incomodidad jajajajajaja
      Imagino que la vida de los mineros debía de ser dura y “los cuatro males” era la mejor forma que tenían de escapar a los rigores del trabajo. Gracias a Dios, para algunas cuestiones, las cosas han cambiado considerablemente.
      Muchas gracias por tu comentario, Carmen.
      Un besito

  6. Tanto el título de la entrada como el lugar que nos has mostrado bien merecerían formar parte de una novela. Más allá de juzgar la moralidad del lugar, me quedo con su humanidad. El vicio es intrínseco al ser humano y en este lugar se daban cita cuatro. Jo, es que lo voy pensando y me parece un caramelo literario.
    La verdad es que estos lugares más concretos y con historias pequeñas me resultan tremendamente atractivos, incluso más que los grandes monumentos. Así que he tenido la suerte de que dierais con esas entradas para elaborar este artículo.
    Un abrazo!

    • Pues David, me he dejado al margen la historia de Okiku, una prostituta japonesa que habitó en Ipoh y fue amante de un compatriota fotógrafo con el que tuvo tres hijos y del que sólo sobrevivió uno. Con el boicot a los productos japoneses, el amante se marchó a Singapur y la dejó en la estacada, así que se casó con un inmigrante tamil de las castas más bajas de la sociedad. Y todo esto en una ciudad en la que la comunidad japonesa no la componían más de un centenar de miembros.
      “Los cuatro males” de Ipoh dieron para mucho: historias tristes, truculentas, violentas,… Cuando te animes a escribir sobre ello, yo aporto las ilustraciones.
      Un fuerte abrazo!!!

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