El lago Tonlé Sap, el corazón acuático de Camboya, alberga numerosos poblados flotantes donde la vida transcurre sobre el agua. Desde la ciudad de Siem Reap, punto de acceso a los templos de Angkor, es posible visitar varias de estas comunidades. Durante nuestras visitas a Camboya, exploramos dos de estos poblados: Chong Kneas en 2015 y Kompong Phluk en 2024, y las experiencias fueron notablemente distintas.
Un lago es uno de los rasgos más bellos y expresivos de un paisaje. Es el ojo de la tierra; y en mirándose en él descubre el observador la profundidad de su propia naturaleza.
Este lago es la mayor extensión de agua dulce del Sudeste Asiático y fue declarado por la Unesco como Reserva de la Biosfera en 1997. Su nombre significa en jemer “lago de agua fresca”. Durante la estación seca, el lago es pequeño, con 2.590 kilómetros cuadrados de extensión y tan sólo un metro de profundidad. Pero durante los monzones ocurre un fenómeno que sólo puede contemplarse en dos lugares del mundo: aquí y en Egipto con el Nilo: los ríos Sap y Mekong invierten el sentido de la corriente y, en lugar de arrojar agua al Océano Pacífico, devuelven el agua al Norte. Este fenómeno se debe a la abundancia de lluvias entre junio y diciembre, lo que crea un crecimiento del volumen de las aguas que, literalmente, son rechazadas por el mar y buscan un lugar donde extenderse, y esto sucede en el Tonlé Sap, que aumenta entonces diez veces su tamaño.

Según la Organización para los Derechos de las Minorías (MIRO), al menos 630.000 camboyanos de la etnia vietnamita habitan en casas flotantes, relegados a una vida en los ríos por carecer de documentos.

La población vietnamita permanece en un limbo legal que les priva de varios derechos, como la educación. No cumplen con los requisitos de las leyes de nacionalidad e inmigración y se ven afectados por la situación política y la historia entre Camboya y Vietnam. La mayor parte, no vive sobre el río por elección propia. Son apátridas a la fuerza. En Camboya, rige el ius sanguinis – es decir, que la nacionalidad se adquiere por la procedencia de los progenitores -. Según este principio, se exige que ambos progenitores posean la nacionalidad camboyana y poder demostrar que la residencia en el país es legal para poder adquirir la condición de ciudadano, pero muchos vietnamitas perdieron las pruebas de su origen camboyano durante el régimen de Pol Pot y los Jemeres Rojos, entre 1975 y 1979.

Los Jemeres Rojos fueron artífices de uno de los mayores genocidios del siglo XX en el que murieron, en menos de cuatro años, unos dos millones de personas. Obsesionados por la pureza racial, persiguieron a las minorías étnicas a las que no consideraban verdaderos khmers y deportaron a la mayor parte de los camboyanos de origen vietnamita, lo que les salvó la vida, pues los que permanecieron en el país -unos 20.000- murieron a manos del ejército de Pol Pot. Años después, cuando retornaron a Camboya, fueron considerados inmigrantes ilegales y, sin pruebas que demostraran su origen camboyano, perdieron todos sus derechos.

La ley Camboyana no permite a los no nacionales comprar tierras, por lo que el agua, cuyo régimen legal no se encuentra aún regulado, se ha convertido en la única posibilidad para esta minoría de continuar habitando en el lugar que los vio nacer.
Chong Kneas (2015): Un turismo masificado y engañoso

En el pueblo de Chong Kneas las calles son líquidas y las casas se balancean al vaivén de las aguas del Lago Tonlé Sap, el más grande del Sudeste Asiático. La mayor parte de sus habitantes no vive aquí por propia elección, sino que se trata de personas de etnia vietnamita que perdieron todos sus derechos, incluso el de poseer una casa en tierra firme, cuando fueron deportados en los años 70 por el régimen de los Jemeres Rojos.

Ubicado a unos 15 km de Siem Reap, Chong Kneas es el poblado flotante más visitado, principalmente por su cercanía. Sin embargo, esta popularidad ha dado lugar a numerosos problemas relacionados con el turismo descontrolado y las estafas.

Para llegar a Chong Kneas, se toma un tuk-tuk desde Siem Reap hasta el embarcadero de Phnom Krom, un trayecto que dura aproximadamente 30-40 minutos. Una vez allí, se deben pagar entre 20 y 30$ por un paseo en bote. Sin embargo, lo que parece una experiencia auténtica rápidamente se convierte en un circuito turístico en el que puedes encontrarte con más de una sorpresa desagradable.

En nuestro caso, contratamos un paquete completo en nuestro hotel que incluía el tour en barca por el poblado flotante. De hecho, al llegar al embarcadero, subimos a una barcaza con destino a la mitad del lago. Pero una vez que se divisaron las casas, el barquero paró y dijo que su barca encallaría y que no podría realizar la visita. Así que un enjambre de barqueros procedentes de pequeñas barcas nos rodearon y nos pidieron más dinero para subir a una de ellas, más pequeña, con la que visitar el poblado.

En ese momento de jaleo, nosotros nos plantamos y dijimos que no pagaríamos más por la visita, que nos dieran la vuelta y nos devolvieran el dinero, lo que descolocó un poco a todos. La situación se resolvió con una llamada al hotel, en donde habíamos contratado el tour, y nos pidieron que adelantáramos los 10$ que nos pedían de más y que nos reembolsaron con posterioridad.

Las casas flotantes en Chong Kneas son estructuras modestas de madera y metal, muchas pintadas con colores vivos pero con signos de deterioro debido a la exposición constante al agua. Algunas de ellas son tiendas flotantes y otras funcionan como restaurantes o escuelas improvisadas.

Uno de los timos más comunes en Chong Kneas es la visita «forzada» a tiendas flotantes, donde los guías insisten en que compres arroz o útiles escolares para supuestos huérfanos. Muchas veces, estos productos nunca llegan a los niños porque, una vez comprados, se devuelven a la tienda y se reparte el dinero, estando por supuesto los precios más que inflados.

También es frecuente que los turistas sean llevados a un criadero de cocodrilos disfrazado de atracción cultural, donde los animales están en condiciones cuestionables. En general, el recorrido se siente artificial y más orientado al beneficio económico de intermediarios que a una verdadera inmersión en la vida local.
Kompong Phluk (2024): Un enfoque sostenible y comunitario

Buscando una experiencia más auténtica, en nuestro segundo viaje a Camboya optamos por visitar Kompong Phluk, un poblado flotante mucho más agradable y mejor gestionado. Situado a unos 30 km de Siem Reap, el viaje hasta allí toma alrededor de una hora en coche, aunque nosotros lo combinamos con la vista a Banteay Srei y el Parque Natural de Phnom Kulen.

La entrada y el paseo en barco no son nada baratos. 20$ por persona es excesivo, pero está bastante mejor gestionado que Chong Kneas, ya que a diferencia del primero, Kompong Phluk está menos saturado de turistas y es administrado por una cooperativa local, lo que asegura que los beneficios vayan directamente a la comunidad.

El poblado es absolutamente diferente de Chong Kneas, ya que si aquel era un conjunto de casas flotantes sobre el lago, aquí las construcciones están hechas sobre pilotes para salvar la subida de las aguas durante la temporada de lluvias.

Aquí se puede observar el auténtico estilo de vida de los pescadores que habitan casas sobre pilotes de hasta 10 metros de altura, diseñadas para soportar las variaciones estacionales del nivel del agua. En temporada seca, es posible caminar por el poblado y ver de cerca las estructuras elevadas, mientras que en la época de lluvias, las casas parecen flotar sobre el agua.

El ambiente en Kompong Phluk es mucho más relajado y respetuoso con la cultura local. No hay presiones constantes para comprar productos inflados ni intentos de engaño a los visitantes. En su lugar, el turismo se integra de manera sostenible con la vida diaria del poblado, permitiendo una experiencia mucho más enriquecedora.

Al llegar al embarcadero, pagas y te asignan una barcaza que te lleva por los canales hasta el centro mismo del poblado. El final del recorrido es un restaurante flotante, en donde si quieres consumes algo, o si no, no lo haces. Desde allí, puedes tomar una pequeña barca para visitar los manglares, que cuesta 5$; aunque nadie te presiona en ningún momento. Y, en fin, lo normal es darle una pequeña propina a la barquera (que por lo general son mujeres).

Durante el trayecto, podrás observar además de las curiosas construcciones, el estilo tradicional de vida de los habitantes, los pescadores y agricultores en las orillas del lago, o el ir y venir en canoas y barcas.
Otros poblados flotantes en Tonlé Sap

Además de Chong Kneas y Kompong Phluk, existen otras opciones para explorar los poblados flotantes con diferentes niveles de autenticidad y accesibilidad:
Kompong Khleang: Es el más grande y menos turístico de todos los poblados del Tonlé Sap, ubicado a 50 km de Siem Reap. Sus casas, a diferencia de las de Chong Kneas, están construidas sobre pilotes altos que alcanzan hasta 12 metros y mantienen una estética más tradicional y mejor cuidada.
Mechrey: Menos conocido y con un enfoque más ecológico, es ideal para quienes buscan evitar las multitudes. Aquí las estructuras flotantes son principalmente de madera y techos de paja.
Prek Toal: Famoso por su santuario de aves, es un destino imperdible para los amantes de la naturaleza. Las viviendas en esta zona están adaptadas para coexistir con el ecosistema del humedal.
Consejos para visitar los poblados flotantes

Evita Chong Kneas si buscas autenticidad. A menos que quieras ver un poblado flotante como una atracción turística más, hay opciones mucho mejores.
Consulta precios actualizados. Aunque los costos varían, lo mejor es preguntar en agencias locales o en tu hotel para evitar sobreprecios.
Opta por poblados con gestión comunitaria. Kompong Phluk o Kompong Khleang son buenas opciones para asegurarte de que tu dinero beneficia a la población local.
Respeta la vida local. Estos no son museos ni atracciones creadas para el turismo, sino comunidades reales con su propio ritmo de vida.

El lago Tonlé Sap es un ecosistema único y los poblados flotantes reflejan la resiliencia de sus habitantes. Si se elige bien el destino, la visita puede convertirse en una experiencia divertida y enriquecedora.


6 comentarios
Qué buena lección de historia nos das hoy, Macarena.
Estos poblados flotantes son muy coloridos y ya veo que abunda la pillería.
Son muy de agradecer los consejos para visitar estos poblados.
Por lo demás me parece un ecosistema muy especial que sería interesante conocer.
Gracias por tan buena información.
Abrazos, mi querida Macarena.
Es sabido que hay que tener cuidado en las zonas muy turísticas de cualquier país, pero si además hay necesidad… Pero son lugares muy curiosos y, desde luego que merece la pena conocerlos.
Gracias a ti, Carmen.
Un fuerte abrazo.
Qué coloridos y qué interesante ver como se han adaptado a vivir así. Me ha resultado realmente interesante. Muchas gracias guapa
Gracias a ti, Asun.
Qué interesante todo lo que cuentas, querida Macarena.
Desconocía el por qué de la subida de ríos cuando hay lluvias, literalmente el mar “se niega” a la entrada de agua, y éstas regresan al río. Probablemente lo haya escuchado alguna vez y no lo recuerde, pero tu explicación ha sido de 10.
Mucha diferencia entre ambas visitas, amiga. Sin duda la primera más caótica, engañosa y hasta me atrevería a decir falta de ética. La otra en cambio fue más transparente en todo momento y sin presiones turísticas de comprar o consumir cortinas de humo.
Sin embargo………..me producen una sensación extraña, de sentimientos encontrados podría decir, al visitar ese lago y su poblado (entiendo que es visita obligada, vaya eso por delante) cuando la historia que encierran es tan triste. Algo así como pasarlo mal sin posibilidad de cambiar, y al mismo tiempo ser “monos de feria” para el turismo.
No sé si me explicado bien, pero seguro que tú me entiendes.
Gracias por la visita tan completa y por el reportaje fotográfico.
Muchos besos!!!
P.S: Ya estoy de vuelta, no sabes las ganas que tenía de visitar vuestras bitácoras ❤️
A ver Nélida, muchas cosas en Asia funcionan así. Los ingresos del turismo son casi la única fuente de recursos para algunos grupos de población. La cuestión es dicernir si el turismo proporciona una fuente de riqueza sostenible y equitativa para la población, como en el caso de Kompong Phluk, en donde población y turismo llevan a cabo un intercambio bidireccional enriquecedor; o si por el contrario, se trata de minorías que explotan a un colectivo, en donde el dinero del turismo sólo llega a mano de unos pocos. Me viene a la cabeza también, el caso de las mujeres jirafa del Norte de Tailandia, que provienen de una etnia exiliada de Myanmar ¿Explotación o forma de obtener ingresos? Pues honestamente creo que estos grupos de personas viven la vida que les ha tocado vivir lo mejor que pueden, el peso recae por tanto en el visitante. Supongo que en la conciencia y educación de cada uno va cómo afronta la situación. No sé Nélida, es un tema complicado ¿Cómo vivirían estas personas sin ingresos? Pero por otra parte ¿contribuye el turismo con los ingresos que proporciona a una vida más digna de estas personas o sólo a perpetuar situaciones de miseria? A lo largo de mis viajes he visitado sitios de mucha, mucha pobreza, mi contribución por ejempo ha sido no hacer fotografías, sino tratar de compartir una experiencia, quiero decir, he ido a conocer una forma de vida, una organización social o lo que fuera, pero sin captar lo que a mí me daría vergüenza que otros vieran si yo estuviera en ese lugar. Por ello, y aunque me encantan los blogs de fotografía, soy un poco reacia a fotografiar personas en según qué situaciones y según qué finalidad. No sé si te acuerdas de mi entrada en el Slum de Dharavi en Bombay… Sólo hay una foto de Yayo y mía delande del cartel de una tienda y alguna de personas trabajando. Para mí ha sido el lugar más denigrante para el ser humano que he vistado. En fin, Nélida, creo que nos hemos entendido.
Gracias a ti. Un besazo. Te echaba de menos!!!